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Columna de opinión: por qué conservar ballenas y delfines


Los seres humanos han estado interactuando con los cetáceos desde que su existencia es conocida. Es así que la relación con los cetáceos, y en particular los delfines, se remonta desde la mitología antigua Minoica, donde estos seres fueron vistos como criaturas mágicas durante miles de años. En el imperio griego, los cetáceos fueron fuertemente asociados con el dios Poseidón (dios del mar), quién aparece representado rodeado de delfines o montado sobre ellos en dibujos, monedas y murales. Incluso en la actualidad, el tatuaje con la forma de un delfín es una de las opciones más populares para los hombres y las mujeres y, que de acuerdo al significado simbólico de las creencias celtas, el delfín representa la muerte de un estilo de vida pasado y el nacimiento de una nueva vida.

Pero más allá de la mitología y fascinación que se puede tener por estas criaturas acuáticas, los cetáceos juegan un papel importante para el buen estado de los ecosistemas marinos. Como organismos que se encuentran en la cima de la cadena trófica y poseen pocos depredadores naturales, son considerados como centinelas de la salud del océano, facilitando a los científicos la compresión de la vulnerabilidad de los ambientes marinos ante distintas amenazas, como por ejemplo, la contaminación marina al documentar los niveles de productos químicos en la grasa.

La recuperación de varias poblaciones de grandes cetáceos (llámese ballenas) ha contribuido a expandir nutrientes en la columna de agua de los océanos donde ellos habitan, haciendo más fácil la vida en el mar para muchos organismos. Cuando estos animales se alimentan a profundidades y vuelven luego a la superficie a respirar, transportan nutrientes por toda la columna de agua favoreciendo a microorganismos y fitoplancton. Además, las ballenas reciclan una elevada cantidad de hierro, nitrógeno y otros nutrientes de su orina y sus excrementos convirtiéndolos en fertilizantes para el plancton, y desde allí contribuyendo en las floraciones de fitoplancton las cuales aumentan la productividad de toda la red alimenticia marina y mejora la capacidad de absorber dióxido de carbono atmosférico. Incluso varios estudios demuestran que hay más biodiversidad en un ecosistema con ballenas que aquellos sin ballenas.

Más aún, entre otros de los servicios ecosistémicos que brindan, es que los cetáceos secuestran el carbono del medio ambiente, haciéndolos un aliado importante en los esfuerzos para reducir los impactos del cambio climático.

Por su parte, los cadáveres de los cetáceos ofrecen gran cantidad de alimentos a invertebrados marinos así como nutre las comunidades del fondo de mar con carbono. También son materia prima para productos de valor económico y nutricional pasada y actual. Quien no ha visto artesanías confeccionadas desde dientes de orcas o cachalotes o tallados en huesos de cetáceos, sin olvidar que en décadas pasadas una pieza importante del brasier y corsé de las damas estaba confeccionado por las barbas de ballenas, o el aceite que se producía de la fundición de la grasa de estos cetáceos era utilizado como combustible para la iluminación. Más aún, los cadáveres eran verdaderos banquetes o regalos de los dioses para muchos pueblos aborígenes, incluyendo nuestros pueblos de la región de Magallanes.

Actualmente las ballenas y los delfines poseen un alto valor económico a causa de la actividad de avistamiento, la cual beneficia a cientos de comunidades costeras alrededor del mundo, con beneficios económicos que exceden los 2 billones de dólares americanos anuales.

Debido a su importante rol y servicio ecológico que brindan estos animales al ecosistema marino, es que algunas organizaciones internacionales tales como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la misma Comisión Internacional Ballenera están adoptando nuevas resoluciones para contribuir a los estudios sobre los servicios ecológicos de los cetáceos y aplicar esos hallazgos en decisiones políticas asociadas a la conservación.

Nuestra región es una zona privilegiada de estos servicios ecosistémicos que nos entregan los cetáceos, con la presencia anual durante los meses de verano y otoño de la ballena jorobada en la conocida Área Marina y Costera Protegida Francisco Coloane, la ballena sei que se puede observar cada vez con más frecuencia en el estrecho de Magallanes frente a Punta Arenas o, con la ballena franca austral que nos visita durante el invierno en la porción oriental del mismo estrecho de Magallanes, sin olvidar por supuesto, a las toninas overas, delfín chileno y delfín austral, representando todos una manifestación reiterada de la salud de nuestro ecosistema austral y del cual debemos todos cuidar para que continúe así.

Por Jorge Acevedo, investigador Centro Regional Fundación CEQUA

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