Anuncios
NOTICIAS

Opinión: asumir el territorio sobre “lo antártico chileno”

Mapa de las corrientes marinas del mundo. Aquí se observa que frente a las costas de Aysén se originan las Corrientes de Humboldt (fluye hacia el Norte) y del cabo de Hornos (fluye hacia el sur. Esta última rodea a la Isla de Tierra del Fuego y conecta con la Corriente de las Falklands/Malvinas. Este aspecto hidrográfico constituye un aspecto principal para definir, "lo antártico chileno".

Con el trasfondo de la promulgación de la Ley Fortalecimiento de la Regionalización y la transición entre la última semana de la administración Bachelet a la primera de la administración Piñera, el 2 de marzo los Consejos Regionales partes del Plan Estratégico para el Desarrollo de las Zonas Extremas se reunieron en Puerto Natales para coordinar un esfuerzo que conduzca a renovar dicha trascendente herramienta para el bienestar de los ciudadanos que habitamos – literalmente – a miles de kilómetros de Santiago.

En ese marco nos correspondió exponer el borrador de ‘Ley Antártica’ que, a mediados de 2017, nos solicitó la Cámara de Diputados. Precisamente para contribuir a orientar la forma en la que el citado Plan Estratégico y las leyes de excepción disponibles para fortalecer el desarrollo de la Macro-Región austral, en ese borrador de ley incluimos un artículo con ‘Definiciones’ que – entre otros aspectos – explica lo que debe entenderse por ‘lo antártico chileno’.

Desde un punto de vista epistemológico, geográfico, geopolítico y geoeconómico para nosotros ‘lo antártico chileno’ se compone de una región subantártica y de una ‘región antártica propiamente tal’. En dicha definición general se engloban los espacios de la Patagonia chilena, el Estrecho de Magallanes, el Archipiélago de la Tierra del Fuego, las Islas al Sur del Canal Beagle, el Mar Austral Americano y los archipiélagos y tierra firme de la Antártica Americana comprendida entre las longitudes 53º Oeste y 90º Oeste, con vértice en el Polo Sur.

Se trata – en lo fundamental – de una ‘aplicación’ de la normativa que ordena los límites de las Regiones del país y, desde una óptica geo-histórica y jurídica, de una consecuencia de lo prescrito en el Decreto Antártico del Presidente Pedro Aguirre Cerda (1940). Desde esa misma interpretación, esta definición no es sino la actualización de un concepto geo-jurídico antiguo y conocido.

Conforme con el concepto general arriba anunciado, la expresión geo-jurídica ‘subantártico’ refiere todos los territorios que, en el occidente, desde al área adyacente a la Península de Taitao y la ‘triple unión’ formada por el encuentro entre las placas tectónicas de Nazca y de la Antártica y el continente sudamericano (circa 45º Sur-46º Sur), se prolongan en dirección a la Región Polar Austral. Inmediatamente al Norte de esas coordenadas se registran los primeros focos de surgencia desde el fondo marino en los cuales se origina la Corriente de Humboldt, cuyas aguas frías fluyen a lo largo del Mar Chileno en dirección al Trópico de Capricornio y al Ecuador terrestre. Desde ese mismo sector, pero hacia el sur a lo largo de las costas patagónica y fueguina, fluye la Corriente del Cabo de Hornos, que progresa inexorablemente para sumarse a la dinámica de la Corriente Antártica Circumpolar.

Por esta razón ‘lo subantártico’ incluye también a la totalidad del Archipiélago de Tierra del Fuego, pues la dinámica hidrográfica aquí indicada se prolonga por el oriente hasta el sector en el que tiene su origen la denominada Corriente de las Malvinas/Falklands. Esta, aproximadamente a partir del sector que enfrenta la Boca Oriental del Estrecho de Magallanes, se dirige hacia Norte y al Noreste (en este caso, hacia el Archipiélago de las Falklands/Malvinas del cual deriva su nombre).

En 1642 el marino holandés Hendrick Brouwers fue uno de los primeros en percatarse de esta realidad. Para entonces Brouwers era un experimentado y reconocido navegante y cosmógrafo, que antes había decisivamente contribuido a establecer la ruta del Cabo de Buena Esperanza a lo largo del Mar Austral para la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC).

Los trabajos hidrográficos de Brouwers tuvieron una importancia central para que su país consolidara una posición dominante en los mercados del Pacifico Occidental. Con ese antecedente, dicho marino fue tal vez el primero en proporcionar observaciones instrumentales que, enseguida, dieron sustento al concepto hidrográfico, epistemológico y carto-bibliográfico del ‘Mar Austral’ o ‘Nuevo del Mar del Sur’ representado por la cartografía occidental de la época de la revolución científica y de la Ilustración. Solo como dato, valga señalar que este concepto fue finalmente reconocido en el Articulo 9 del Tratado de Paz y Amistad de 1984.

Al sur de la dinámica de la Corriente de las Falkland/Malvinas (a los efectos prácticos, al Sur del Cabo Espíritu Santo sobre nuestra Provincia de Tierra del Fuego), ‘lo sub antartico’ se extiende hasta plus ultra el Cabo de Hornos, en dirección al sector de transición de la convergencia antártica. Como sabemos, la ‘convergencia’ es la frontera biogeográfica en la que el agua más fría del Mar Austral que rodea la Antártica ‘se sumerge’ bajo el agua relativamente ‘más cálida’ del Mar Austral subantártico próximo a nuestros archipiélagos australes.

En el sector americano de la Región Polar Austral, la frontera biogeográfica de la convergencia antártica se extiende en ‘sentido perpendicular’ entre, aproximadamente, las latitudes 70º Sur y 55º Sur y, por lo mismo, ‘ingresa’ al sector de nuestra Zona Económica Exclusiva y de nuestra plataforma continental (hasta y más allá de las 200 millas) proyectadas ambas hacia el Sur y – muy importante – hacia el Sureste desde las líneas de base recta de las Islas Wollaston, Cabo de Hornos y Diego Ramírez, entre otras.

Un resultado geoeconómico de las condiciones biogeográficas imperantes en cada uno de estos sectores es que al sur de la convergencia antártica se realiza la pesca de arrastre del krill antártico (naves preferentemente noruegas amparadas en la normativa del Sistema del Tratado Antártico), mientras que al norte de la misma se realiza la pesca de palangre del bacalao de profundidad que tiene base en Punta Arenas.

En consecuencia, al sur de la convergencia antártica se extiende ‘lo antártico chileno propiamente tal’.

En 1940 el Estado fijó los límites administrativos del Territorio Chileno Antártico teniendo en cuenta una diversidad de factores históricos, epistemológicos, carto-bibliográficos, jurídicos, políticos, geopolíticos y geoeconómicos. Desde un punto de vista multidisciplinario, y como lo hemos destacado en otros textos, lo evidente es que lo que también se llama “Antártica Chilena’ no tiene límite norte y no es – entiéndase bien – resultado de un ‘reclamo territorial’, sino, simplemente, producto de un acto administrativo destinado a perfeccionar el ordenamiento territorial de la República. Consistente con ese principio, el Territorio Chileno Antártico es parte de la Provincia Antártica y de la Región de Magallanes y Antártica Chilena.

Dicho principio político-administrativo es consistente con la tradición geo-jurídica ibérica centenaria que considera que Chile se prolonga hasta el Polo Sur, a lo largo del territorio americano situado al occidente del límite con las posesiones portuguesas en el Brasil. En 1881 Chile renunció unilateralmente a los territorios de la Patagonia Oriental y de parte de la Tierra del Fuego, pero nunca renunció a la prolongación de su territorio austral plus ultra el Canal Beagle y el Cabo de Hornos. En 1984 el país firmó con Argentina un Tratado de Paz y Amistad que, junto a una delimitación del sector de las ‘islas al Sur del Canal Beagle’, estableció que el sector oceánico objeto de tal delimitación se denomina Mar Austral. Este, como queda explicado más arriba, en el occidente tiene su límite Norte en el área adyacente a la Península de Taitao y, en el oriente, en la latitud de la Boca Oriental del Estrecho de Magallanes. Su límite sur lo marcan las costas de la Antártica Americana.

Durante los procesos del Lauda Arbitral y de la Mediación Papal, la antigua diplomacia chileno tuvo precisamente como uno de sus referentes fundamentales el hecho de que en la década de 1760 los imperios español y portugués establecieron que la longitud que marcaba el inicio del límite entre ambas potencias era aquella de la Barra del Chuy. En la década de 1850 dicho punto pasó a indicar el límite internacional entre Uruguay y Brasil. El arroyo del mismo nombre que actualmente sirve como límite internacional entre ambos países se sitúa, precisamente, en la longitud 53º Oeste, es decir, en la longitud del límite oriental del Territorio Chileno Antártico. Fue conforme con este antecedente geo-histórico y jurídico que, en la elaboración del Decreto Antártico de 1940, el Profesor Julio Escudero Guzmán consideró esa coordenada geográfica para dar consistencia no solo geo-histórica, sino que geopolítica a nuestro ordenamiento político-administrativo.

Así entonces, al sur de la convergencia antártica, y entre las longitudes 53º Oeste y 90º Oeste, se extiende ‘lo antártico chileno propiamente tal’.

Bajo este concepto – y teniendo como referente el Decreto Antártico y los compromisos del país con el Tratado Antártico y la Convención de Naciones Unidas sobre el derecho del Mar – en nuestra propuesta de Ley Antártica indicamos que en el Territorio Chileno Antártico se incluyen ‘todas las tierras, islas, islotes, arrecifes, glaciares, pack-ice y demás, conocidos y por conocerse, así como los espacios del Mar de Bellinghausen, del Mar de Wedddell y del sector americano del Mar Austral proyectados desde las líneas de base recta de la Tierra de O’Higgins y desde sus islas adyacentes, situados entre los meridianos 53º Oeste y 90º Oeste de Greenwich, y con vértice en el Polo Sur’.

Asimismo, indicamos que ‘hasta la distancia más allá de las 200 en millas marinas que el Derecho Internacional del Mar lo permita, son partes del Territorio Chileno Antártico y de la Provincia Antártica los espacios de suelo y de subsuelo marinos proyectados desde las líneas de base recta de ambas costas de la Península Antártica (Tierra de O’Higgins), desde las Islas Shetland del Sur y desde otros territorios insulares polares, como también los territorios submarinos que se proyectan hacia el sur, el sureste y el suroeste desde las Islas del Cabo de Hornos y desde otros archipiélagos e islas australes de la Republica’.

En conclusión y mirado en su conjunto, ‘lo antártico chileno’ se extiende a lo largo de casi 44º de latitud, entre el sector adyacente de la Península de Taitao y el Polo (y viceversa).

Mientras lo ‘subantártico’ engloba espacios de la Región de Aysén y de las Provincias de Ultima Esperanza, Magallanes y Tierra del Fuego, ‘lo antártico propiamente tal’ incluye específicamente los espacios de la Provincia Antártica que se sitúan más al sur de la convergencia.

En esta interpretación la ‘cuestión antártica’ es también un asunto de importancia geoeconómica y geopolítica para la Región de Aysén.

Ello no solamente porque el territorio chileno es una continuidad entre el hito tripartito con el Perú y Bolivia y el Polo, sino porque, para efectos del ordenamiento territorial, dicha Región comparte con Magallanes y Antártica Chilena no solo problemas y desafíos, sino también responsabilidades y oportunidades ligadas a nuestro ethos antártico.

Esto es particularmente importante en tres ámbitos, a saber: primero, el ordenamiento de la industria de la pesca y de la acuicultura; segundo, en el tema que desde hace varios años venimos ‘quijoteando’, esto es, aquel aun si resolver de la extensión de la plataforma continental ‘más allá de las 200 millas marinas’ a lo largo de toda la macro-región austral, y; tercero, la lógica y la eficacia en la implementación de los beneficios de las leyes de excepción y del citado Plan Estratégico para el Desarrollo de las Zonas Extremas.

En el primero de estos casos, Aysén y Magallanes y Antártica Chilena enfrentan el desafío de la discusión de una nueva ley de pesca. En ese ámbito deberían volver a regularse no solo cuestiones de la importancia de las áreas, cuotas y periodos de pesca, sino que también la difícil cuestión del uso del territorio austral para la acuicultura de salmónidos. En ambos asuntos y en ambas regiones existen detractores y promotores, por lo cual una mirada estrictamente ‘regional’ no permitirá una solución acorde con las expectativas no solo de las industrias, sino que de los ciudadanos interesados en que el Estado asegure el uso racional e inteligente del territorio y de sus recursos. El tráfago de parques nacionales y zonas protegidas declaradas en los últimos años y meses no resuelve, necesariamente, el problema. Lo único que lo resolverá será un esfuerzo conjunto orientado a ‘sincerar el territorio’ y a objetivar los problemas para, desde allí, encontrar los puntos de consenso que aseguren que nuestro mundo austral tendrá oportunidades serias de desarrollo sustentable.

En el segundo caso, aquel de la plataforma continental, como queda dicho Aysén y Magallanes comparten la placa tectónica de la Antártica. Entre 2007 y 2008 nos tocó participar de los estudios que en 2009 condujeron a la presentación ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental en Nueva York de un ‘reclamo’ de plataforma continental extendida construido a partir de la aplicación de una de las fórmulas de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Esa presentación permite a Chile ‘reclamar’ enormes espacios de territorio submarino en el Pacifico Sudeste, a saber, desde el sector de la Península de Taitao hacia las mini-placas de Juan Fernández y de la Isla de Pascua. El interés permanente de Chile y de nuestras regiones australes exige que la metodología y el know-how adquirido permitan, lo antes posible, comprobar que la continuidad geo-jurídica de ‘lo antártico chileno’ hasta el mismo Polo Sur es una realidad conforme con el Derecho Internacional y las geociencias del siglo XXI. Para esto es muy importante que se considere un esfuerzo específico para favorecer tanto la cooperación política entre ambos gobiernos regionales (y sus COREs), como la cooperación científica entre científicos y expertos aiseninos y magallánicos.

En cuanto a la aplicación de las leyes de excepción y del Plan Estratégico para el Desarrollo de las Zonas Extremas, los gobiernos regionales que asumen enfrentan un desafío enorme y fascinante. Si bien es cierto que la implementación de esta herramienta puede ameritar – como todas las cosas – críticas, lo concreto es que este Plan está permitiendo ‘hacer la diferencia’ no solo en materia de desarrollo de infraestructura, sino que en materia de objetivación y sinceramiento de los territorios para orientar la inversión del Estado y de los privados con criterio geopolítico y de largo plazo.

Es de esperar que el Gobierno del Presidente Piñera se comprometa con esta herramienta y que, con el concurso de todos los habitantes del austro chileno, en los próximos años seamos capaces de fortalecer el uso y la ocupación sustentable de nuestro territorio terrestres y marítimos.

En ese contexto debería, entre otras cosas y a mi juicio, considerarse la construcción de una base chilena en el Polo Sur. Continuará…

Por Jorge G. Guzmán Mag. MPhil & PhD Polar

Anuncios

Muchas gracias por comentar en @PrensaAntártica

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: