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Canciller argentina sobre deterioro de bases antárticas: “no se usó el material más adecuado para su construcción”


“El trabajo científico argentino que se hace en esta base tiene entre 20 y 25 años de historia, y en este momento -en el cual se está evaluando tanto el cambio climático- tener 25 años de observación sistemática en un ecosistema tan cerrado y contenido como este es fundamental para probar muchas cuestiones de impacto global”, afirmó la canciller Argentina Susana Malcorra desde la Base Carlini, ubicada en la isla 25 de Mayo de las Islas Shetland del Sur, y una de las 13 bases -entre permanentes y temporales- que tiene el país  trasandino en la Antártica.

“Esta base depende de la Cancillería, con lo cual tenemos una responsabilidad directa y por eso me pareció oportuno visitarla. Ahora celebro haber venido porque tuve conversaciones muy importantes con los científicos que trabajan aquí”, añadió.

Malcorra afirmó: “Muchos trabajos que antes se hacían de manera independiente hoy se están vinculando y se potencian al relacionarse. De este modo podemos entender mejor el valor estratégico y alinear las prioridades a futuro, teniendo en cuenta el Plan Antártico y reforzando la cooperación. Esto podemos hacerlo en función de maximizar el valor del trabajo científico argentino que otros países no tienen”.

La jefa de la diplomacia argentina explicó: “La base Carlini, como casi todas nuestras bases, tiene el diseño de un período distinto, donde se trataba de hacer una cobertura muy amplia del lugar con muchos edificios aislados con necesidad de caminar y conectarse. Hoy se planean edificios muchos más concentrados, estilo “telescópico”, es decir que en el verano se extiendan y en el invierno se retraigan, para minimizar calefacción y recursos. Eso es una aspiración de máxima, porque es un replanteo que significa un gran esfuerzo e inversión”.

Con más detalle, la Canciller puntualizó: “El edificio más nuevo que tenemos que es el acuario; requiere de equipamiento para poblarlo y maximizar su uso. Eso ya está en el Plan del Instituto Antártico y sacaremos la licitación lo antes posible. Hay que mejorar la infraestructura edilicia porque el deterioro es grande; incluso en edificios que sólo tienen 4 o 5 años; eso muestra que no se usó el material más adecuado para su construcción. Necesitamos un plan general para mejorar todas las bases y un plan a largo plazo”.

“La Antártida tiene un paraguas de protección de soberanía. El valor del Tratado Antártico es que ha congelado, como suele decirse, la situación. Esto establece y alienta la cooperación y el trabajo científico con un compromiso de no militarizar la zona, sin que eso signifique que nadie deba ceder en lo que considera son sus derechos. Eso abre una oportunidad para trabajar con un espíritu distinto”, remarcó.

“Mi preocupación, mirando hacia adelante, cuando uno descubre los enormes manchones oscuros del glaciar cediendo, cuando uno ve el impacto sobre la Antártida, donde la riqueza de estas tierras está cada vez más accesible, es qué va a pasar cuando esto se economice aún más. Habrá que ver cuánto vamos a mantener este espíritu de cooperación. Yo creo que tenemos que hacer todo para mantenerlo porque es un círculo virtuoso que nos permite defender más a la Antártida, defender más nuestros intereses y entender más el impacto”, explicó Malcorra.

En términos de recursos, la Canciller enfatizó: “Las riquezas de la Antártida son grandes signos de pregunta. Es evidente que las hay y puede darnos a todos una proyección importante, pero la primera es la pesca, como oportunidad y como predación. Las islas Shetland, donde está Carlini, fueron declaradas área protegida, y esto se pudo lograr en parte por el trabajo de nuestra base, ya que demostraron que había especies enteras en peligro. Esto es fundamental para nosotros porque la riqueza es de todos pero una parte importante es nuestra. Mientras tanto hay que preservarla y asegurarnos de que se maneje sin afectar el ecosistema”.

Respecto del futuro, Malcorra aseguró: “Hay que planificar la protección el mayor tiempo posible, pero si el cambio climático a 50 o 100 años vista altera el perfil de la Antártida entonces nuestra obligación para las generaciones siguientes es dejar una cantidad tal de información que pruebe que todo lo que se haga, si eventualmente se hace, debe ser con mucha responsabilidad”.

Consultada sobre el rompehielos ARA Almirante Irízar, que sufrió un incendio en 2007, Malcorra indicó: “Aunque no es un tema que maneja Cancillería, recién el Secretario de Logística del Ministerio de Defensa, Walter Ceballos, me comentaba que el Irízar estaría listo en septiembre. Tiene que salir a hacer pruebas y para la próxima campaña estaría disponible. Eso va a ser una gran alegría para todos los argentinos. Es fundamental para toda nuestra logística”.

Además del Secretario Ceballos, Malcorra estuvo acompañada por la directora nacional del Antártico, Fernanda Millicay; el director del Instituto Antártico Argentino, Rodolfo Sánchez; y el director nacional de Política Exterior Antártica, Máximo Gowland. @prensaantartica

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